“Vale de pena”

“Mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.”   

                                                                                                          Juan 4:14

El conocido psicólogo, locutor y profesor universitario conocido públicamente como Calviño, dirige un programa muy reconocido entre los cubanos llamado: “Vale la Pena”. En este programa televisivo nos lleva a la reflexión sobre varios detalles que redundan la vida del ser humano en general y, sobre todo, aquellos que se suman al hecho de ser cubanos. Con gran profesionalidad Calviño nos enseña a mirar la vida desde varios puntos de vista, a analizar las situaciones desde las perspectivas disponibles y a valorar y ponderar las actitudes que tenemos. Pero, Calviño rara vez ofrece soluciones, a lo que surge la pregunta: ¿Vale la pena o Vale de pena?

En una ocasión una mujer se acercó a un pozo y he allí un hombre le pi

dió agua. Esta mujer, dispuesta, le ofreció. Mientras este hombre bebía le ofreció agua a la mujer y ella se negó pues realmente el pozo tenía muchísima agua. Pero aquel hombre insistió añadiendo que el agua que Él daba, aquellos que bebieren de ella nunca más tendrían sed. La mujer, atónita por aquel ofrecimiento, pidió agua. Es en este pasaje donde Jesús (el hombre), nos enseña qué es lo que realmente Vale la Pena.

1-Vale la pena encontrarnos con Jesús

Jesús se encontraba junto al pozo sentado pues estaba cansado del camino (Juan 4:6). Era usual en la antigüedad que las mujeres le ofrecieran agua a los viajeros que venían cansados de los largos viajes. Pero esta vez no es Jesús quien se acerca. Esta mujer, samaritana por demás, viene a efectuar su caminata rutinaria hacia el pozo. Viene dispuesta a buscar agua. A su llegada un hombre, judío por demás, le pide agua. Ella se asombra. El encuentro con Jesús causa asombro. Cómo Jesús siendo tan Santo y Majestuoso quiere encontrarse conmigo, esa es nuestra primera interrogante. Pero están ambos ahí, el uno habiendo hecho su solicitud, la otra atónita por las circunstancias que le rodean. La mujer no había reconocido quién le hablaba, era el mismo Hijo de Dios, quien

 era mayor que Jacob. Humanamente esta mujer comienza a analizar el panorama: un judío pidiendo agua, no tiene con qué sacarla del pozo, el pozo está bien hondo y me dice que es mayor que Jacob, aquí solo cabe una respuesta: es un loco. El mismo Pablo afirmó en su momento que la Palabra de la Cruz es locura a los que se pierden, mas a los que se salvan es poder de Dios para salvación (1ra Corintios 1:18). La mayor parte de las veces cuando alguien se nos acerca hablando de Jesús, le hacemos por loco. Ello nos lleva a no prestar atención a sus palabras. Aquella mujer ya le había tomado por loco: “de dónde, pues, tienes el agua viva? ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob ?”(Juan 4:11-12); pero Jesús insiste, porque a Jesús le importa la gente. Yo tengo un agua diferente, dice Jesús. Esa mujer terminó reconociendo esa Fuente.

Lo que comenzó como un día rutinario se convirtió en el día más notable en la vida de la samaritana. Pero el motivo no se halló en ella, sino en ese hombre. Su felicidad inició por parte de Jesús: pidió agua. Y ella terminó valorando ese encuentro como el mejor de toda su vida.
Hoy estamos llamados a encontrarnos con Jesús. Él es el motivo de la felicidad. Le puedes hallar en cualquier lugar, Él siempre estará atento al deseo de tu corazón de hallarle.

2-Vale la pena aceptar el Agua de Jesús

La historia no acaba ahí. Jesús acaba de hacer una propuesta: ¿quieres del Agua que yo te ofrezco? La mujer no se decide, y como Ruperto da un paso para adelante y dos hacia atrás. Pero la oferta está buena. La frase: no tendrá sed jamás martilla su cabeza una y otra vez. No podía dejar de reconocer que este hombre le había dicho algo nuevo, algo completamente diferente, aunque parecía una locura. Y entonces, en medio de la indecisión, saltan las palabras: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla.     (Juan 4:15). Es curioso como esta mujer no le dice: dame de esa agua, ella le pidió el Agua. Había entendido el Mensaje: Vale la Pena aceptar a Jesús, quien es el Agua de Vida. Pero en medio de su emoción y alegría, Jesús la interrumpe. Hoy en día muchas cosas nos producen emoción y alegría, pero aquí se trata de un gozo mayor, un gozo eterno. Jesús detiene a esta mujer como mismo busca detener hoy a sus siervos que se entretienen en medio de la emoción olvidando que hay condiciones para poder beber de esa Agua. No se trata de la Fuente de la Eterna Juventud, se trata de la Fuente de Agua que salta para Vida Eterna. Y volvemos nuevamente a creer que una música o saltos nos acercan a esa Fuente. Para otros los problemas de la vida le opacan a vista de la Fuente. Recordemos a Pedro cuando estando sobre el mar comenzó a hundirse. Había perdido su mirada en Jesús, el autor y consumador de la fe. Estaba rodeado de grandes volúmenes de agua, pero perdió momentáneamente al Agua de Vida Eterna. Hoy muchas cosas se nos parecen a Jesús, por ello debemos entender y permanecer en su Agua, lo que nos obliga a entender las condiciones que Jesús pone.

3-Vale la pena aceptar las condiciones de Jesús

Usted tal vez dirá: ¿por qué Jesús complica tanto esta historia? Y yo le dejaré que sea Jesús quien le muestre su punto de vista y sus razones. Jesús le dijo: Ve, llama a tu marido, y ven acá. (Juan 4:16) Vayamos al contexto: un hombre le pide agua y al mismo tiempo le oferta Agua de Vida eterna, ella asiente. Y justo en el momento en el que se supone que debería recibir el Agua ofrecida, pumm, le salen con otro asunto diferente. La mujer se pregunta: ¿ya hora para qué menciona a mi marido, ¿qué quiere este hombre? En nuestro encuentro con Jesús no solo le hallaremos a Él, también nos hará chocar con nuestra realidad, con nuestra condición. Él nos hará entender quiénes somos y hacia dónde realmente vamos. Y sus preguntas son difíciles de responder. Ella decide irse por la vía más fácil: “Respondió la mujer y dijo: No tengo marido.” (Juan 4:17). Jesús, quien no se cree sus palabras, le responde dejándola sencillamente en shock:” Bien has dicho: No tengo marido; porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad.”. Cómo, qué, cuándo. Ella titubeó, quedó “pasmada”. Podría habérselo imaginado todo excepto esto. Un hombre que afronta su pecado, un hombre que llega tan lejos como nadie antes. Un hombre que le conoce sin conocerla y que le provoca vergüenza consigo misma. Ese es Jesús. En tu encuentro con Él de seguro entenderás sus condiciones para beber de Su Agua. No basta con aceptar la Vida si no aceptas las condiciones que esa vida exige de ti. Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo. (Lucas 14:27), ¿Y qué es esa cruz sino justo el paquete de condiciones de Jesús, además de las situaciones de la vida? Jesús no quería sacarle en cara a la mujer chismes sobre su vida, Jesús quería que la mujer se convenciera de su pecado y se enfocara en Él. Él le ofrecía el Agua a cambio de su arrepentimiento.

4- Vale la pena beber el Agua de Jesús

Finalmente, después de aceptar las condiciones, dice: “Le dijo la mujer: Señor, me parece que tú eres profeta.” Ella le reconoce, entiende que estaba hablando con el Mesías, el Cristo. Recibió ese gozo que produce el percatarnos de la presencia de Jesús. Un gozo que nos obliga a compartir con otros. La historia culmina con aquella samaritana gritando a todas voces: “Entonces la mujer dejó su cántaro, y fue a la ciudad, y dijo a los hombres: Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será éste el Cristo? Entonces salieron de la ciudad, y vinieron a él.” Y muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio diciendo: Me dijo todo lo que he hecho. Entonces vinieron los samaritanos a él y le rogaron que se quedase con ellos; y se quedó allí dos días.  Y creyeron muchos más por la palabra de él, y decían a la mujer: Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo. “(Juan 4:28-30, 39-42). Ella dejó su cántaro porque ya había encontrado el Agua de Vida Eterna.

Líneas Finales:

Dedicamos la vida en muchas cosas que no son trascendentales para nuestra eternidad. El llamado en esta ocasión es hacia aquellas cosas que valen realmente. Vale la pena Encontrarnos con Jesús, porque ese encuentro será sin dudas el más notable en nuestra vida. Vale la pena Aceptar el Agua de Jesús, porque es Eterna y ofrece Vida en abundancia. Vale la Pena Aceptar las condiciones de Jesús, optando por el arrepentimiento y abrazado el Amor que Él nos ofrece. Y vale la pena beber el Agua de Jesús, cuyo gozo nos motivará a anunciar a todos que: ¡Jesús, vale la pena!

Pastor.  Orisbel Rios González

Sobre Orisbel Rios Glez 2 Artículos
Cristiano, Esposo, Misionero. Pastor de la Iglesia Bíblica Misionera Bautista: "El Árbol de la Vida", de Reboledo. Licenciado en Derecho por la UH. Poeta y Escritor. Blogger. http://vivexlafe.cubava.cu Amo todo género musical cristiano, y soy un irreparable drogadicto a las letras!!!

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